La crisis que tiene a Ciudad del Cabo a punto de quedarse sin agua

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Hoy, la segunda ciudad más poblada de Sudáfrica está enfrentando una crisis por ese líquido, que, según estima el gobierno local, dejaría de llegar a la mayor parte de zonas residenciales y negocios el 16 de abril, cuando las represas alcancen un nivel de 13,5 por ciento, en lo que se ha denominado el ‘día cero’.

Si se llega a ese límite, el principal destino turístico de ese país no solo se convertiría en la primera gran urbe en la que dejaría de salir agua de los grifos, sino que también tendría en menos de tres meses a militares en las calles para custodiar los 200 puntos de recolección proyectados para proveer de agua a cuatro millones de personas.

“Hemos llegado a un punto de no retorno”, dijo recientemente la alcaldesa Patricia de Lille.

¿Pero qué llevó a Ciudad del Cabo a esta crisis de agua? “Desde la sequía en 2014, la provincia de Cabo Oeste ha experimentando una caída de lluvia muy leve, algo que no es nuevo para los investigadores, que habíamos preparado modelos para mostrar que esto iba a suceder”, afirma a EL TIEMPO Oghenekaro Nelson Odume, investigador sénior del Institute for Water Research.

A la falta de lluvia se suma el crecimiento de la población, la lenta respuesta del gobierno ante una crisis inminente y la insuficiencia en la infraestructura y el manejo del agua. Solo en los últimos cuatro años, los niveles de las principales represas en la ciudad pasaron de tener más del 90 por ciento al 26,3.

“Ellos sabían que había cambio climático y que el agua se volvería más escasa. También que en muchas áreas, la infraestructura debía mejorarse, pero los arreglos solo tuvieron lugar en las áreas donde vive la gente con dinero. Debieron pensar en reciclar el agua para cosas como el saneamiento. Entonces, hoy un diez por ciento del agua con la que se limpian las cisternas es fresca, lo que es un desperdicio”, dijo a este diario Shaheed Mahomed, miembro del comité de la Coalición para la Crisis del Agua para Ciudad del Cabo (CTWCC, por sus siglas en inglés).

“El agua se recoge en una represa, se usa y se bota al mar. La estructura no está diseñada para reusarla”, explica desde Ciudad del Cabo el colombiano Fabio Díaz, investigador en gobernanza y política pública de la Universidad de Rhodes.

“Cuando el gobierno se dio cuenta de que la situación era complicada, empezó a trabajar en la construcción de (tres) plantas de desalinización satelitales, porque es más barato ponerlas a funcionar y sacarlas de funcionamiento después. Pero si se ve la experiencia de Dubái, tomó una década para que funcionaran sus plantas. Es un problema de infraestructura pública que no alcanza a responder a tiempo”, añade.

Según los planes del gobierno, por lo menos una de esas plantas de desalinización, la de Strandfontein Pavilion, funcionará en marzo y producirá inicialmente dos de los siete millones de litros esperados por día.

Por ahora, la estrategia del Gobierno está en controlar el consumo de agua a través de la racionalización.

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